“La gente me pide agua bendita. Busco un poco de agua y se la doy. No hay un agua más o menos bendita: ya es sagrada de por sí. Como las flores, los árboles, el viento; Dios está en todos lados. Yo cada noche agradezco por vivir y por lo que recibo, pero no espero que un Ser supremo cumpla mis palabras. Nosotros somos libres y es nuestra voluntad la que impulsa nuestras acciones. No echemos culpas o lamentos a Dios.
Nunca creí que podía llegar a tener un pensamiento tan parecido a un cura: ambos somos panteístas y le concedemos más importancia a la vida que a la muerte. Él tiene sus creencias, yo las mías; esto no quita que los dos apreciemos la existencia sin apelar tanto a la razón o a complicadas quimeras.”
— Padre Ramón y Nicolás Meta.
Enlazador de Mundos
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